18.8.07


Después de mucho tiempo, volvía a estar solo. La sensación era extraña, variable. A ratos, sentía la euforia del preso liberado, del naufrago rescatado de su isla; en otras ocasiones, vértigo ante el abismo de los comienzos. Y aún había una tercera clase de momentos. Momentos dominados por el vacío, por la desidia, por la desgana, por el tedio. En esos momentos pasaban cosas por su cabeza que nunca nadie jamás pensaría que alguien como él pudiera llegar a plantearse. (“Lo dejo. Me retiro. Dimito. Entrego los trastos. ¡Que paren el puto mundo, que yo me apeo!”) Esas tres clases de estados de ánimo se sucedían sin que pudiera encontrar una explicación a la secuencia que seguían. Nada de lo que hiciera le hacia salir de esa espiral llena de altibajos en que se había convertido su vida en el último mes.
De cara al exterior supo mantener la careta de amplia sonrisa satisfecha que había cubierto su rostro la última década. Pero esa máscara empezaba a deteriorarse, a perder color, a desconcharse la pintura, a resquebrajarse la escayola. Él se daba cuenta de ello y no hacía nada por remendar su disfraz. Por una vez quería estar triste y que se notara, no tener nada que esconder, no tener que agradar a nadie con su característica afabilidad. Se había dejado llevar por lo que sentía en cada momento esperando sentirse triste durante una temporada pero, en vez de eso, se había subido en una montaña rusa emocional que no dejaba de subir y bajar y no llevaba a ningún lado.
No sabia donde iba a llegar. No sabía si el cambio iba a ser para mejor. No sabía si estaba preparado para afrontar una nueva etapa. Solo sabía una cosa: como siempre el cambio se había visto venir y el no había hecho nada para evitarlo o prepararse para lo que pudiera llegar. La jodida historia de su vida.

17.8.07

LA PARADA DE LOS FRIKIS (Y III, por fin)
Casi sin darse cuenta estaba en el suelo, con Marta arrodillada a su lado. Remigio se acercó a ellos:
-Me estoy impacientando. Sé que estabas negociando la compra del “Enano Verde”, así que no me cantes milongas no vaya a ser que me enfade. Cuando veas aGuille otra vez le vas a decir que te echas atrás. Que no tienes la pasta o algo así. Porque, si no lo haces así, mandaré a mis muchachos a por ti y te van a hacer mucha pupa. ¿Has entendido?- La respuesta no fue oída porque alguien se adelantó a Miguel. Una tranquila voz sonó a las espaldas del grupo:
- No será necesario que hagas eso. Ya no se lo voy a vender. He cambiado de opinión.- Guille entró andando tranquilamente en la plaza, aún disfrazado de elfo. No tardo ni diez segundos en ser rodeado- Has ganado Remi. Te lo venderé a ti. No quiero que le hagas daño a nadie por mi culpa. Ahora mismo… Acepto cheques.
Al gordo se le iluminó la cara al ver a Guille entrar en la plaza con un sobre pequeño, del tamaño de un naipe, en la mano.

-¿Qué me impide quitártelo ahora mismo?- dijo señalando a sus secuaces, con voz de malo de plicula de Jerry Bruckheimer- ¿Qué me impide no pagártelo?

- Pues que somos primos y que el abuelo se enteraría esta misma noche. Y ya sabes: un disgusto más y te deshereda.

Ante la mención de su abuelo, la sonrisa se borro de su cara y refunfuñando sacó una chequera del bolsillo interior de la gabardina, relleno con prisas uno de los talones. Bruscamente arrancó el cheque recién extendido y se lo pasó al elfo, este le dio el pequeño sobre. El gordo, con la frente perlada de sudor, lo abrió con gesto desconfiado y saco una pequeña cartulina con el dorso en rojo, la miró con intensidad durante un minuto y soltó otro chillidito, esta vez de satisfacción. A continuación hizo un gesto con la mano y se montó en el mercedes dorado, que arrancó bruscamente, derrapando en la gravilla de la plaza. El resto de la banda desapareció en silencio por los callejones de la urbanización en construcción. Ni siquiera se llevaron el bolso de Marta, que estaba tirado en la grava, cubierto de polvo. En treinta segundos se habían quedado solos, y durante un rato nadie dijo nada. Fue Guille el que rompió el silencio.

- Ya podéis salir- gritó- Ha funcionado.

De uno de los chalets salieron Jorge, el jedi, y el dueño de la cafetería, aun disfrazado de klingon. Parecían muy divertidos.

- La próxima vez te metes tu en estos berenjenales- dijo Guille- Casi me cago en los calzones, y son de seda natural.- Efectivamente, el elfo parecía haber perdido todo su aplomo. Estaba pálido y sudaba.
-Recuerda que tu solo te metiste es el lió.
- Yo solo le tomé un poco el pelo, y el muy idiota se lo creyó
- ¿Cómo que le tomasteis el pelo?- terció Marta- ¡Ese energúmeno casi nos mata y fue por vuestra culpa!- Se quedó con la boca abierta, el hermoso gesto distorsionado por la rabia y el miedo. Esperaba que Miguel hiciera algo, pero no lo que pasó a continuación.
- ¿El Enano Verde?- susurró como para sí. Luego gritó- ¡No puede ser que Remi sea tan tonto! ¡Es bobo pero no tanto!
- Lo es. Aquí el hijo de Feanor, en mitad de una borrachera descomunal, le dijo que tenía un “Enano Verde”, la carta definitiva, la carta con la que no se puede perder en el juego más friki-infecto que se haya inventado: El Reino.
- ¡Pero si no llegó a salir! Los probadores del juego la echaron atrás porque se pasaba tres pueblos. Nadie sabe cómo es esa carta.
- Yo si- dijo Guillermo- porque soy uno de los probadores. Le dije que había afanado una. Así que imagínate la emoción que sintio esa bola de sebo cuando se enteró de que yo tenía un “Enano Verde”. Empezó a presionarme para que se lo vendiera, pero claro, no había nada que vender salvo la fotocopia a color que pude hacerle. Mi contrato era muy estricto y me hubiera metido en un lió si extravío una de las cartas nuevas.
- Entonces la carta que le has dado hoy… ¿Es falsa?- Miguel no salía de su asombro.
- Igual de falsa que el cheque que le ha dado a Guillermo-dijo Carlos- De modo que estamos en paz. Aunque no creo que piensen así los amigos de tu primo cuando este descubra que le has timado, hoy esperaban cobrar. Lleva meses sin pagar la cuota y creo que esta noche su circulo de amistades se va a ver drásticamente disminuido.
-Pero… ¿como sabíais que iría detrás nuestra?- dijo Miguel. Aquello era lo que más le intrigaba.
- Pues porque tenemos a nuestro primo bajo vigilancia desde que contrató a esos bestias- dijo Carlos- Se ha desviado del camino de los verdaderos frikis, se guía más por el dinero que por la diversión. Necesita que alguien cuide de que no se haga daño ni haga daño a los demás. Aquí el camarada klingon es detective privado y cuida de ello con la discreccion requerida. En cuanto vio que os perseguían y que no lo podía evitar él solo, nos llamó. Decidimos que lo único que serviría para aplacar a ese memo era darle lo que estaba buscando.
Sin decir más salieron de la plaza. El coche de Carlos, un destartalado Seat Fura, estaba aparcado no muy lejos de allí. Acercaron primero a Marta a su casa. No había dicho nada en todo el viaje y salió a toda prisa, sin despedirse de nadie y dando un portazo que casi hace volcar el coche.
- Lamento tener que decirte esto, Miguel- dijo Carlos- pero el que tu novia sea un bombón no le da derecho a ser tan jodidamente maleducada, si se me permite la expresión.- Miguel no dijo nada, y eso le extrañó. Desde que salía con Marta se comportaba como un pero guardian cuando alguien osaba a decir algo de Marta que no fuera bonito.
A él también le dejaron en la puerta de su casa, no sin antes hacerle prometer que vendría a las jornadas de puertas abiertas de la asociación, una semana después. Ilusionado por la posibilidad de hacer algo que, por una vez, le divirtiera a él, decidió cumplir la promesa.
Y el resto es tal y como se podría esperar. Marta estuvo distante unos cuantos días, luego trató de que todo volviera a ser como antes, con ella a las riendas y Miguel con las orejeras puestas. Pero no pudo ser. Como un mes después del asalto, quedó con Miguel y empezó la conversación con un “tenemos que hablar” premonitorio. Le dijo que se sentía constreñida, que necesitaba espacio, que él en realidad no la quería. En definitiva, que dejándole no le hacia otra cosa que un favor. Esta conversación, dos meses atrás, le hubiera destrozado el corazón y lo hubiera dejado hecho un guiñapo. Pero las cosas habían cambiado. Era libre, le dolía que lo dejaran, claro está, pero sabia que no tenía porqué estar solo, que había gente que lo acogería y que no le importaría que su personaje favorito del El Señor de los Anillos fuera Tom Bombadil (aunque eso acarreara terribles discusiones, regadas con cerveza, que se alargarían hasta altas horas de la madrugada). Miguel había vuelto a la tribu y se sentía bien. Comenzó a asistir regularmente, ya como socio, a las reuniones de la Asociación de Rol y Estrategia “Masacre Ewok”. Los primeros dias iba vestido de paisano y, al poco tiempo, como se sentía fuera de lugar, desempolvó su traje de tweed corte Cuaderna del Sur y se compró unas orejas picudas nuevas.
Las primeras semasas tras la ruptura fueros difíciles para él, pero esa etapa se acabó cuando realizó una serie de importantes descubrimientos:
Primero, Marta ya no importaba tanto, ya no dominaba todos y cada uno de sus pensamientos. Una persona que te obliga a ser lo que no eres no puede quererte demasiado.
Otro importante hallazgo se refería a aquella extraña sensación estomacal que Marta le producía. Descubrió que no era amor. La pasión nada tenía que ver con aquello. Descubrió que las tripas se le encogían cuando Marta dominaba la escena, por otro estado de ánimo: el Tedio. Le producía un aburrimiento tan profundo y soporífero que hacía necesaria la ingestión de protectores estomacales para no producir una úlcera.
Y el tercer y definitivo descubrimiento resultó ser que no todo es lo que parece. Que debajo de una trabajada máscara de Uruk-hai y una pesada armadura de cuero, puede haber una señorita interesada en secuestrarlo, echárselo al hombro y llevarlo, a través de Rohan, hasta donde les llevasen sus claveteados zapatos de hierro. Y que ,con mucho gusto, él se dejaría.

3.5.07

LA PARADA DE LOS FRIKIS (II)
Ese algo resultó ser un destartalado Mercedes de color dorado, que con un asmático acelerón, irrumpió en la plaza. De él bajo un tipo enorme que, a Miguel, le recordó vivamente a Horatius J. Reilly. Se trataba de un tipo casi tan alto como ancho, de cara redonda, con ojillos de cerdito y boca pequeña, cubierta por un tremendo bigotazo, en el que se veían restos de sus última y penúltima comida. Vestía con lo que parecían saldos de saldos y, para la ocasión, había elegido lo que parecía ser un viejo sombrero años 40, ajado y hecho un higo, a juego con la gabardina, probablemente gris, que colgaba de su brazo. Y lo más grave de todo es que a Miguel le sonaba de algo, pero el terror no le dejaba pasar de la sensación de dejà vu.
- Buenas noches- su voz, nasal y chillona, lo sobresaltó, definitivamente ese desagradable tono ya le había asqueado antes- No voy a andarme con rodeos: Os voy a contar una historia. Luego, voy a haceros un par de preguntas. Si me gusta la respuesta, os vais. Si no… bueno no creo que sea necesario explicaros lo que pasará, ¿verdad?
¡Joder! La situación comenzaba a parecerse a “El Halcón Maltés”: Un estrafalario malvado los asaltaba y le iba a interrogar sobre algo de lo que, casi con total seguridad, no tendría ni idea. La pregunta “¿Qué haría Sam Spade en similar situación?” no dejaba de pasearse por su cráneo. Durante unos frenéticos segundos, analizó fríamente todas las posibles repuestas. Si bien resultaban terriblemente interesantes, acababan con una larga y dolorosa estancia en el hospital, o peor aún, compartiendo destino con Jimy Hoffa, como parte de los cimientos de un chalet muy cuco situado a las afueras. De modo que, en lugar de actuar como el tipo duro que no era, decidió guardar silencio y escuchar. Decidió parecer sereno, y tranquilo. En definitiva, respirar unos minutos mas, con todas las costillas enteras por añadidura, no le iba a hacer daño a nadie.
- ¿Pero…, qué quiere este tío?- susurró Marta mientras se acurrucaba aún más a la espalda de Miguel.
- Ni puñetera idea, cariño. Ni puñetera idea.- El gordo siguió hablando:
- Te he visto charlando muy animadamente con dos personas con las que ardo en deseos de hacer negocios. Pero no son razonables, a pesar de que mis ofertas no pueden ser mejores. Eso me exaspera y me hace pensar. Y, pensando estaba yo, cuando te he visto en animada parla con esos dos, que no son precisamente las que uno esperaría encontrar en vuestro círculo de amistades. “¿Que pueden tener en común este pimpollo y esos dos inadaptados?” Cuanto más lo pensaba, más claro me resultaba que no podía ser otra cosa que lo que tienen en común todos los seres humanos: La codicia.
Soltó este discurso de malo de peli de James Bond sin respirar, como si tuviera doce años y estuviera representando un papel en la obra de teatro de la fiesta de fin de curso. No paraba de mirar a sus “hombres”, buscando su aprobación. Estos parecían estar divirtiéndose casi tanto con las presas recién capturadas como con su “Jefe”, lo cual hacia que la situación se volviera rara por momentos. Miguel eligió el momento en que algunos de ellos se reían para romper su silencio.
- Oye, llévate mi cartera y su bolso y déjanos ir, no creo que nada de los que haya podido hablar con los de Masacre Ewok pueda interesarte.- Trató de parecer firme y sereno, en plan “no tengo miedo pero sé que no puedo hacer nada para evitar que me desvalijen”.
El gordo resopló y soltó un chillidito, como de cochinillo enfurruñado. Ese desagradable gritito fue lo que hizo que Miguel reconociera al sujeto en cuestión. El reconocer a su captor como Remigio Estévez aumento los niveles de onirismo hasta cotas desmesuradas. No podía ser que, a pesar de ser el peor espécimen de friki que la madre Gea hubiera engendrado, se hubiera mezclado con una banda de asaltantes nocturnos. Conocía a Remigio por haber sido fundador de “El Ojo de Odin”, una asociación de pretenciosos amantes de la fantasía medieval, la ciencia ficción y los juegos de estrategia, que duró lo que un gamorreano en la cueva del Rancor, por la manía de Remigio de acaparar toda la atención y desprestigiar a todo aquel que pudiera hacerle sombra. Aquel despliegue de mala leche y cuchicheos llevo a la asociación a la ruina ya que, en vez de reunirse para jugar, organizar actividades, en definitiva... ¡HACER COSAS!, todos los socios acabaron formando grupitos para maquinar mezquinas alianzas y traiciones. Ellos pensaban que lo que hacían era conspirar, como si de la Corte del emperador Atreides en Dune se tratara. La realidad era que se habían convertido en un patio de escuela para niños grandes.
Miguel asistió, en calidad de invitado, a un par de reuniones, tras las cuales surgió el rumor de que iba detrás de la novia de uno de los socios (120 kilos de músculo dedicado a jugar al rugby) y decidió no volver a pisar un lugar con una atmósfera tan insana (sobre todo para sus piernas).

-¿Remigio?- dijo, cuando se repuso de la sorpresa- ¿Eres tú?- El otro, cuando se oyó llamar así, enrojeció. Llegado este punto, sus supuestos secuaces se desternillaban.
- Ya no me llamo así. Ahora soy Mr Disorder y te ordeno ahora mismo que me digas de qué habéis estado hablando Jorge, Guille y tú esta tarde.- la voz le temblaba, pero Miguel no sabría decir si era por ira o por miedo. A todo esto Marta no paraba de lloriquear a su espalda: “¡Lo sabía! ¡Lo sabía! Esa gente rara no podía traer mas que mierda.” Se apretó aun más a Miguel, aterrorizada y sin dejar de llorar.
Al oír el nombre “Mr Disorder” Miguel tuvo que reprimir una carcajada. Cuando se sobrepuso, pudo responder:
- Mira Remi. He conocido esos dos esta misma tarde. La conversación versó sobre las habilidades guerreras de los Noldor en la Segunda Edad de la Tierra Media. No se que clase de negocios iba a poder llevar a cabo un domingo por la tarde en la cafetería de un cine. Te has colado, tío.

El tono de la respuesta quedó bastante lejos del que se considera apropiado para evitar que un grupo de cabrones te rompan las piernas, y así se lo hicieron saber a Miguel con un fuerte puñetazo en los riñones. La paliza parecía a punto de dar comienzo.

(Continuará)

1.4.07


LA PARADA DE LOS FRIKIS


No llamar a un taxi fue un error. Convencerse de que por un paraje oscuro y solitario no iba a haber gente con aviesas intenciones, y un malsano amor por lo ajeno, tampoco puede considerarse muestra de buen juicio. Y ahora, parafraseando a un buen hobbit con mucho mas sentido común que el, estaba “metido en un buen brete”.
La situación se presentaba como sigue: domingo, más allá de la medianoche, a la salida de un cine situado en un polígono comercial en mitad de ninguna parte y, por cortesía del ayuntamiento, un horario de autobuses nocturnos organizado siguiendo las indicaciones de un tablero ouija. Con lo que, tras una espera de cuarenta minutos en al lado del poste que marcaba la parada, Miguel y su novia Marta decidieron ir paseando hasta la parada de metro mas cercana, situada a unos dos kilómetros de descampado y chalets en obras porque “…a estas horas seguro que no pasa nadie por ahí y, si no pasa nadie, ¿por qué iba a haber ladrones en la zona?...” Atolondrado razonamiento que puso a la pareja en mitad de la zona de caza de una de las bandas de asaltantes más violentas de la ciudad. De ahí que ahora corrieran como posesos, sin saber adonde ir y sin atreverse a mirar atrás (el ruido de pasos a la carrera, y las amenazas, eran prueba más que suficiente de la cercanía y el enfado de los perseguidores).
La tarde había resultado razonablemente agradable. Se cumplían seis meses desde que empezara a salir con Marta Llopis, la chica más codiciada de clase (metro sesenta, pelo negro, piel pálida, ojos verdes), y ella había decidido celebrar un “no-aniversario”. Idea que a Miguel le parecía una soplapollez, pero que en boca de Marta sonaba como el plan más maravilloso del mundo. A decir verdad, con Miguel ocurría algo curioso: Cuando Marta no estaba, Miguel era una persona divertida y agradable. Ocurrente. El perfecto compañero de mus y cañas. Pero era aparecer la Srta. Llopis, y convertirse en un soso y aburrido estudiante de Contabilidad, con menos conversación que un geranio en un tiesto y una insoportable, boba e innecesaria expresión de felicidad en la cara. De esto el no se daba cuenta, más allá de sentir una rara sensación en la boca del estómago, que se daba en los raros momentos en que se zafaba del embobamiento. Pero el lo confundía con “las mariposas en la tripa” que, dicen, se sienten cuando te enamoras.
Como siempre Marta era germánicamente puntual: siempre cuarenta y cinco minutos tarde. Se había adelantado a comprar las entradas y, conociendo el percal, calculó que solo llegarían a ver último pase de la sesuda película iraní que Marta había elegido. Esto resultó ser una suerte, porque, conociendo los gustos de su chica, iba a necesitar de todo el café que pudiera beberse en ese plazo.
“Bueno… Al menos esta vez no es una en versión original. No aparecía el V.O.S. por ninguna parte” iba pensando mientras se dirigía a por su dosis de cafeína.
La cafetería estaba llena y la parroquia no podía ser más peculiar: Un grupo de gente de mediana edad (entre 25 y 45 años), disfrazados (elfos, ewoks, caballeros jedi, tripulantes de la Enterprise, algún superhéroe e, incluso, una horda orca), discutiendo acaloradamente sobre cuestiones tan trascendentales como: “¿Es el Halcón Milenario más rápido que la nave del Capitán Kirk?” o “¿cómo es posible que el Emperador no encontrara a Yoda en su retiro en Dagoobah?” o “¿hicieron los elfos bien partiendo de Aman?. Un enorme grupo de encantadores frikis, de perritos débiles de la camada, unidos por sus gustos raros y su falta de habilidades sociales (con gente no-friki, se entiende). En definitiva, su antigua tribu, de la cual desertó cuando Marta posó sus ojos en él y dijo “¿Me dejas los apuntes de micro superior?”. Una punzada de nostalgia se unió a la extraña sensación antes comentada (que había empezado a molestar al darse cuenta de que la película no tenía subtítulos porque… ¡NO TENÍA DIÁLOGOS!)

- ¡Que sí, tío! ¡Que si se lo cruza lo cruje!- bramaba un “orejas picudas”, perdiendo la elegancia y el aplomo que se presuponen a la Antigua Raza. Su interlocutor, un paciente jedi clavadito a Ewan McGregor, respondió:
-No lo creo. Por mucho que Feanor fuera la leche, Melkor era un Vala, y a un Vala solo lo vence otro Vala. Y menos en ese momento, con sus poderes casi intactos.

No lo pudo evitar. Algo se removió dentro de el. De repente Miguel, que había renegado de “esa panda de inadaptados”, se encontró diciendo:

-No hay más que ver lo que le pasó a Fingolfin, que no era peor guerrero que su hermanastro y que, además, contaba con unos cuantos siglos más de experiencia de combate. Se enfrentó a Morgoth y cayó, lo hirió gravemente, pero cayó.

Ambos conversadores se quedaron callados, mientras parecían analizar al que con tanta impertinencia (al menos a los ojos del elfo) había interrumpido su vibrante discusión. El estudio duro un eterno minuto, al final del cual el jedi dijo:

- Si te apetece participar, creo que deberías sentarte con nosotros. Si no, te vas a quedar afónico y yo necesito a alguien que me ayude a hacer entrar en razón a este testarudo hijo de Finwe.

Sin pensarlo dos veces Miguel se sentó a su mesa y con ellos departió, durante cuarenta y cinco maravillosos minutos, sobre su tema favorito: Tolkien, la Tierra Media y todas sus circunstancias. Tras ese breve período de felicidad, apareció Marta y lo sacó de allí, con bastante mala cara y sin siquiera presentarse a los acompañantes de su novio. De hecho, no dijo nada hasta que entraron en la sala del cine, a parte de un demoledor “A ver con quién te juntas, que a este cine viene mucha gente que me conoce”. Miguel asintió y entró a ver la “colorista y estéticamente radical” película iraní.
A la salida la tribu continuaba reunida (eran una asociación que había fundado el dueño de la cafetería, un klingon gordo y malhumorado) y Marta entró a comprar tabaco, seguida de Miguel, que a esas alturas parecía un cocker sobredesarrollado y muy bien educado. El elfo se le cercó, pero no llegó a decir nada. Cayó fulminado por una mortal mirada de color verde, que llegó acompañada por estas palabras:
-¡Que gente tan rara! ¿Cómo podrán salir a la calle así vestidos? No lo entiendo.
Esa fue, a grandes trazos, la agradable velada del domingo. Luego vino la espera del autobús (“… A ver cuándo te sacas el carné, que así no hay manera de ir a ningún sitio…”), el paseo a la luz de la luna y la huída atropellada hacia ninguna parte. Bueno, esto no es del todo cierto, si que llegaron a alguna parte: Adonde los asaltantes pretendían. La loca carrera los llevó a una plazoleta, rodeada de casas en construcción, cuya salida estaba prevista se construyera a finales de 2008. Una vez se dieron cuenta de que la presa no tenía escapatoria, la jauría dejó de correr. En silencio entraron en la plaza y los rodearon, siempre cuidando de quedar ocultos o a contraluz. Estaban tranquilos, todo había salido según lo planeado y ahora tendrían su recompensa. Pero ninguno hizo ademán de acercarse a ellos, simplemente no los dejaban escapar, como si esperaran algo… (Continuará)

5.3.07

DECISIONES Y FORMAS O ¿POR QUÉ, TÍO?

Antes de empezar quisiera pedir disculpas a los que esto leéis, que alguno habrá, por haber faltado a la promesa que hice de publicar al menos una vez por semana. No volverá a pasar.

En segundo lugar también voy a pedir disculpas. Esta vez a mi mismo, por faltar a una promesa que me hice cuando volví a publicar. Por desencuentros relacionados con este tipo de medio de comunicación, vi involucrados a algunos de mis mejores amigos en un berenjenal de lo más desagradable simplemente porque una persona, con una impresión equivocada y/o distorsionada de ciertos hechos, se vio en la obligación moral de echarles un rapapolvo en su blog. Fue muy desagradable, y por ello me prometí a mi mismo no hacer nada parecido en este lugar de esparcimiento que espero sea NO ME GUSTA QUE PINTEN A LOS ELEFANTES. Pues en esta ocasión voy a hacer una excepción al respecto porque personas a las que quiero mucho están sufriendo un injustificado maltrato por parte de alguien que, además, debería ser el último en tratarlas así. De modo que ahora vamos a lo que nos ocupa.

Decisiones y formas. Todos tomamos decisiones, la vida se basa en ello. Es más, diría que no sólo se basa en las decisiones en sí, sino también en las formas que adoptamos a la hora de tomar una decisión o dejar de tomarla.
Últimamente yo mismo he tomado decisiones importantes, que condicionarán el resto de mi vida. Puede parecer demasiado dramático pero es cierto, de modo que estoy especialmente sensible a la hora de analizar y encarar las decisiones que veo toman los demás, y sobre todo las formas que adoptan. Y, perdóneme aquel que crea que estoy cayendo en un juicio de valor, creo que la mayoría de las veces optamos por el camino fácil, que es, a menudo, el equivocado, el camino en el que, para obtener nuestros fines, machacamos a los que se nos cruzan en un ejercicio absurdo de egoísmo y estupidez.
La persona en particular a la que este escrito se refiere ha decidido distanciarse de gente que en los últimos meses han sido su círculo más cercano, su único apoyo en los malos momentos (y esta persona tiene muchos), aún cuando hubiera momentos en los que maldita gracia les hacía encarar los problemas de otro (ya tenían más que suficiente con los suyos, doy fe de ello). Esta decisión puede parecer desafortunada, no voy a juzgarla, pero lo que no puedo dejar de hacer es emitir mi opinión (y si veo pertinente juzgar, juzgaré) en lo referente al modo en que ha sido llevada a cabo, pues me parece que se ha tratado de manera injusta a gente a la que quiero, y lo que es peor, se les ha hecho daño y se les ha intentado dejar por malas personas. Y en ese caso siempre podrán contar con mi espada (no puedo dejar de ser friki ni cuando estoy serio, diantre).
Voy a decir lo que pienso, basándome en lo que he visto, y se lo voy a decir directamente a la persona implicada para que venga a pedirme explicaciones si así lo estima oportuno (y porque me cuesta menos escribir de esta manera).
Porque, querido papanatas, no se puede vampirizar afecto a dos personas que te querían y se preocupaban por ti mas allá de lo que exige la más intima de las amistades, para luego, cuando empiezan a exigir la mas mínima reciprocidad (en eso consiste la amistad, estimado membrillo) te dé pereza y decidas dejarlas. De todas formas, esto no es lo que más me irrita, simplemente podías haber quedado como un egoísta más que, una vez usados, deja de lado a la gente, exprimidos y decepcionados. Tú has ido más allá, has buscado nuevas víctimas, ya que para no quedar mal te has inventado imaginarias ofensas que nadie ha visto (o al menos yo no he visto, y he estado con vosotros mucho tiempo) de modo que gente que en estos momentos no estaban conectados a tu entorno te sirvieran como nuevos surtidores de energía (los amigos no son estaciones de servicio, ¡besugo!) , ya que no eres capaz de vivir sin fagocitar las energías de otras personas, hasta que se sienten tan miserables como tú. Ése, creo, ha sido el punto de inflexión en tu relación con estas personas, cuando todos estabais bien jodidos tú eras, mezquinamente, un poquito más feliz viendo que a tu alrededor la gente también se sentía desgraciada y simpatizaba contigo cien por cien. Cuando esa misma gente empieza a levantar el vuelo, tú, en vez de alegrarte, te dedicas a exigir más y más atención, y cuando no te la dan te enfadas y te montas la película. Tengo que reconocer una cosa: como parásito emocional no tienes precio, figura, pero aquí te has equivocado de medio a medio y te va a costar arreglarlo, si es que puedes. Sólo espero que la decisión que has tomado la hayas tomado tú solito, ya que si te han aconsejado hacer lo que has hecho, no creo que lo hayan hecho personas que de verdad te aprecien como te apreciaban, como te querían, estas dos a las que has perdido, probablemente para siempre.
Para terminar, otra ronda de disculpas. Pido disculpas por adelantado por si a alguien esta carta le parece inconveniente. Si alguien se siente insultado y/o aludido, ya saben dónde encontrarme, y estaré dispuesto a dar todas las explicaciones que se me exijan y a pedir perdón si es pertinente y me he equivocado.
Con esto me despido, esperando no tener que escribir nunca más nada parecido.

13.2.07

ME DESPIDO DE TI Y ME VOY

Utilizo este titular para remarcar mi desprecio ante la empresa que hasta hace unos días pagaba por mis sudores. Todos aquellos que me conocen saben que cuando oigo a esa caja de gemidos falta de amigos (porque un amigo te da una colleja y te recomienda buscar otra profesión mas provechosa) llamada Julieta Venegas, cantando esa tonadilla así titulada, se me llevan los demonios y se me olvida que con respecto a la violencia soy casi cuáquero. Pues así titulo este articulo porque nunca jamás había participado en un engaño de un calibre tal como el servicio de “atención al cliente” de movistar y no deseaba que el título fuera algo que no evocara a algo francamente deleznable y engañoso.

Y es que el engaño ya empieza en el nombre de mi ocupación: servicio de atención al cliente. Nada más lejano de la realidad, pues la impresión que da es que la “plataforma” no era más que la barbacana de una fortaleza destinada repeler las hordas de clientes descontentos. Si bien es cierto que un porcentaje alto de los clientes eran, o bien unos jetas que desean aparatitos y prebendas no merecidas (algo muy español por otra parte), o bien perezosos despistados que llaman porque se aburren, con que solo hubiera uno al día en cuyo caso supiera que se estaba cometiendo un injusticia ya me iba a casa amargado. Porque, claro está, no se podía acudir a ninguna otra instancia, las instrucciones remitían cada dos por tres bien al distribuidor o bien a la infalibilidad de los métodos de facturación y medición de las llamadas. Las falta de información dada a los clientes cuando contratan tampoco ayuda. Con decir que todo esta en Internet ya vale, pero cuando eso se lo dices a un señor de mas de 70 el pobre se queda de pasta de boniato. No nos engañemos, en este país, al menos hasta hace poco, los padres tenían hijos para que les programaran el vídeo. De hecho, cada vez que veo uno de esos reportajes de ancianitos delante de un ordenador me parece que son siempre los mismos a los que, con el cambio de milenio, dieron un bocata por estar con cara de interés delante de una pantalla el tiempo justo para grabar reportajes sociales suficientes para una década(fijaos a ver si me equivoco). Y, aun en estos casos, me decían que no diera toda la información. Que lo miraran ellos. Porque si no lo hacía así subía el tiempo medio de atención y no llegábamos a cumplir para llegar a incentivos (ojo, nunca me lo dijeron así, pero es la lectura que a mí me llegaba ante la insistencia con lo de los tiempos) ¡Y yo que pensaba que hacia bien mi trabajo si el cliente se iba tranquilo con toda la información posible!

Para terminar, sin embargo, he de decir que la razón principal de que abandonara el trabajo ha sido egoísta. Ni siquiera el Opencor, un trabajo en el que echaba más horas que un tonto, mal pagado y físicamente agotado, había conseguido agriarme el carácter. No pagaban suficiente para que a mi me saliera una úlcera y mi familia, amigos y demás tengan que sufrir a un alienado currante a borde del ataque de ira constantemente.

Ufff, que a gusto me he quedado

30.1.07

NOS DEBEIS UN CUENTACUENTOS
El viernes por la noche se celebró el vigésimo séptimo cumpleaños de Ruth, esa maravillosa muchacha (27 años no son tantos, o al menos así lo espero) de profesión veterinaria y de afición sus masajes (sus de ella, quiero decir a ella y principalmente en los pies). La celebración se desarrolló en un local bastante cuco y más helado que sorbete de lima situado junto al Mercado de Jesuitas, y en ella se celebró un cuentacuentos, bailes orientales, exhibición de air guitar y levantamiento de vidrio en barra. Todo fue a la perfección, al menos yo me lo pase como un enano, pero hubo una cosilla que me dejó mal sabor de boca y que os pido me ayudéis a subsanar.
Lo que ocurrió fue que des pues de dos horas de baile cuenta cuentos y demás, hubo un momento en que todo el mundo quería entregar sus regalos a la homenajeada y marcharse a casa porque ya era tarde. En todo su derecho estaban pero no se percataron que aun quedaban dos cuentos por relatarse: el mío y el de Pedro Corpa.
A mi personalmente tampoco me importa tanto, el cuento, como mas tarde veréis no es gran cosa, se cuenta en cinco minutos y me lo preparé esa misma mañana mientras iba a trabajar, además como yo era un contador con el que no se contaba (perdón por el retruécano) tampoco me extrañó demasiado . Pero en el caso del cuento de Pedro me da mas rabia porque el si que iba a contar desde el principio y se fue un poco dolido por no haberlo podido hacer dadas las horas que eran.
De este modo anuncio que voy a tratar de organizar un cuentacuentos al que estáis todos invitados, como público o como contador, para subsanar este error y quitarme el gusanillo de las tablas (hace años que no me subo a un escenario).Aun no se ni donde ni cuando pero os exijo que, si os interesa, me deis el coñazo hasta que me mueva y lo haga.
La otra razón de este artículo es mostraros el cuento que elegí, prácticamente al azar para mi actuación. Ya me diréis que os parece a mi me hizo gracia.
El Rabino de janowo
Una vez salió el rabino de Janowo en tartana a la feria de Pantschowa, con intención de pernoctar en Mokri.
Esto es una cosa que a primera vista parece tan sencilla como coser y cantar. Pero en la realidad sucede que cuando hay feria en Pantschowa, allá van todos los judíos, y cada vez que allí van los judíos, pernoctan indefectiblemente todos en Mokri. Por eso, cuando el rabino llegó a este pueblo se encontró con que no había en la posada un palmo desocupado y no le quedó más remedio que resignarse a pasar la noche en su tartana dentro de un pajar.
Moisesillo Bandwurn, el cochero, metió el carruaje al abrigo del tejado, ató los caballos a la lanza con la cabeza vuelta hacia la tartana para que pudiesen tomar su pienso del pesebrillo delantero, dispuso lecho para el rabino dentro del carruaje y debajo de él para sí, y con esto había llegado la noche.
Luego que el rabino hubo rezado sus preces, dijo:
-- ¿Has rezado para que no nos roben los caballos, Moisesillo?
-- No, maestro.
-- Pues reza con fervor y..., además, cuida de atar bien el tiro.
Hizo el cochero lo que le habían mandado, y no bien hubo terminado volvió el rabino a la carga.
-- Moisesillo: si has rezado con verdadero fervor y no te has olvidado de atar los caballos que mejor supiste y, además, te mantienes en vela y ojo alerta, entonces, a pesar del peligro que consigo trae este desorden de las ferias, es posible que no nos roben los animales.
Descanse el maestro --contestó Moisesillo --, que yo no pegaré ojo ni dejaré de estar al tanto...
Llevose entonces el rabino ambas manos a la cabeza, murmuró unas últimas preces y, lentamente, subió a la tartana.
A esto de media noche despertó el rabino en su incómodo lecho sobresaltado por unos ladridos de perro, y llamó a Moisesillo:
-- ¿Qué queréis maestro?
-- ¿Dormías Moisesillo?
-- No, maestro.
-- ¿Qué haces entonces?
-- Estaba meditando, maestro.
-- ¿Y sobre qué meditabas Moisesillo?
-- Pues estaba pensando...., estaba pensando en... adónde irá a parar la cera cuando una vela se consume
-- Muy bien. Mientras se te ocurra pensar en cosas tan interesantes seguro estoy de que no te dormirás
-- aprobó el rabino, curado del sobresalto y volviéndose del otro lado para dormir tranquilamente.

Una fría corriente de aire penetró por los resquicios de la mal ensamblada puerta del pajar y el rabino volvió a despertarse.
-- ¡Eh, Moisesillo! -- llamó.
-- ¿Qué quieres, maestro?
-- ¿Duermes, Moisesillo?
-- No, maestro.
-- ¿Qué haces entonces?
-- Meditando, maestro.
-- ¿Y en qué meditas?
-- Pienso..., pienso... en adónde va a parar la madera de las tablas que desaparece al par paso a los clavos.
-- No está mal. Mientras tengas buenas ocurrencias, ya se yo que no te dormirás -- dijo el rabino, volviéndose aliviado del otro costado


Empezaban a palidecer las estrellas cuando el canto del gallo despertó al rabino.
-- ¡Eh, Moisesillo! -- llamó.
-- ¿Qué deseáis, maestro?
-- ¿Dormías, Moisesillo?
-- No, maestro.
-- ¿Qué hacías entonces?
-- Meditaba, maestro.
-- ¿Y en qué piensas, Moisesillo?
-- Maestro...: si he decir la verdad, pienso..., pienso... en que las puertas están bien cerradas, en que aquí nada se ha movido y, sin embargo..., ¿a dónde han ido a parar los caballos?
CUENTOS DE Judíos. REB NACHMAN DE BRATZLAV.

25.1.07

PRESENTACION II (¿LO VOLVEMOS A INTENTAR?)

Tal y como me temía el impulso de escribir se me acabo a los tres artículos (y el primero era la presentación) y es que soy un hindú inconstante. Llevo sin escribir nada desde julio y en este tiempo he llegado a conocer mejor a algunos “blogueros” de los que voy a intentar aprender a mantener activo este pequeño rincón. Y es que me he dado cuenta de que el blog no es solo un monumento al ego, aunque tenga algo de ello, sino que es un lugar que requiere un esfuerzo, un compromiso. Y eso es lo que voy a hacer: comprometerme. Empezare por estos dos puntos.

Me comprometo a escribir un articulo por semana (ya se que no es mucho pero no me atrevo a exigirme mas porque me conozco).

Me comprometo a aprender a usar todas las herramientas a mi disposición, de modo que esto no solo sea un lugar donde leer las diatribas de este hindú atribulado, sino donde pasar un ratito agradable. (Videos, youtube, fotos e ilustraciones,…)

Por ahora, aunque sea trampa, ya he cumplido por esta semana y os pido una cosa si leéis esto y no lo cumplo me comprometo a recibir una colleja y dar las gracias. Un abrazo y muchas gracias a todos los que leeis a este torpe hindú que ha perdido su sitar.

6.7.06

CUENTO 1
Esperando al autobús en un dia de lluvia, calado hasta los huesos, trataba de encender un cigarrillo. Llevaba un ajado sombrero que no hubiera desentonado en el guardarropa de Sam Spade y una gabardina que, de tan empapada, no se podía hacer otra cosa que adivinar el color, quizá entre el gris y el verde. Tenia la pose de un Bogart cansado de husmear braguetas ajenas, y el plomizo día, con sus atascos y su gente cabizbaja y refunfuñante, hacía juego con él. Así me lo encontré.
Me había perdido. Odio coger el autobús en Madrid, sobre todo cuando llueve, me pone nervioso no saber exactamente donde estoy,me paso el trayecto limpiando el vaho de la ventana, con escaso éxito, y al final me adelanto y me apeo antes de tiempo. Según puse pie en tierra me di cuenta de mi error, pero un absurdo sentido del ridículo hizo que no me volviera a subir en el autobús. Empapandome y con cara de tonto me acerqué a preguntar a la parada del autobús por la dirección a la que me dirigía y allí me topé con el viejo Humphrey. Tardó en responder, se quitó el sombrero y lo sacudió, dejando al descubierto una espesa cabellera oscura salpicada por algunas elegantes hebras plateadas. Sin mirarme a la cara respondió:
"Yo tambien me he perdido. Creo que ambos estamos muy lejos de donde debieramos estar". Su voz me estremeció. Profunda, triste, suave. Sonrió.
"Tu cita puede esperar, y yo no tengo nada que hacer y mucho que contar. Sígueme."
Y lo hice. Así de sencillo. Con el tiempo me he preguntado un millón de veces por qué lo hice, por qué esas últimas palabras supusieron el hechizo que me ató a esta historia. Si alguien encuentra la respuesta se lo agradecería eternamente.
Parecía que la lluvia nunca fuera a acabar. El caminaba delante de mí. Sin pensar yo lo seguía. Sin pensar pero con la sensación de que si no iba con él me perdería algo, algo importante, algo sin lo cual mi vida sería una sucesión de dias lluviosos, llenos de gente cabizbaja y autobuses que no llevan a ninguna parte.

25.6.06

UNA DE FÚTBOL
Que me perdonen todos aquellos a los que el futbol ni les viene ni les va o que, incluso, les repugna y lo consideran el opio del pueblo, pero me dispongo a hablar de una de mis grandes pasiones, el balompié.
La razon de este artículo es que, por primera vez en mi vida, la selección española me ha emocionado. He visto casi todos los partidos que ha jugado en los ultimos trece años, y en esa multitud de encuentros me he enfadado, decepcionado, entristecido, pocas veces me he alegrado y, generalmente, me he ido a la cama con el típico "jugamos como nunca, perdimos como siempre".
Sin embargo esta tendencia se rompió el dia del debut de la selección en el Mundial de Alemania. No digo que después de tumbar a los de Ucrania vayamos a ganar el campeonato de calle, pero por primera vez en mi vida mi segundo equipo (pongo a mi Real Madrid de mis entretelas en primer lugar) me ha emocionado con su juego y con sus ganas de mandar en el campo. Y es que por fin alguien se ha dado cuenta de que nosostros no somos ni Alemania, ni Inglaterra, ni Italia, ni Argentina. No sabemos jugar al pelotazo, ni tenemos fortalezas andantes en el centro del campo, ni se nos da bien poner el autobús delante de la porteria, el nuestro es otro estilo Siempre hemos tenido jugadores de toque y buen gusto, con un físico no muy poderoso pero mucha imaginación a la hora de ver el futbol y a eso es a lo que tenemos que jugar, ese ha de ser nuestro estilo. En mi opinion esa ha sido una de las principales razones de que no hayamos hecho nunca nada de relevancia en unos mundiales. Siempre hemos intentado jugar, al menos en lo que yo he visto, como lo hacen otras selecciones, cada entrenador ha cambiado el sistema y nuestros jugadores nunca han sabido qué fútbol hacer cuando se visten de rojo. Luis Aragonés, el seleccionador mas viejo del mundial, por cierto, se ha dado cuenta de que España ha de tener el balon y marcar el ritmo del juego. Y si se pierde, pues se pierde, pero caes jugando a lo que sabes, no intentando hacer cosas que en otros paises pueden funcionar pero que a nosotros no nos va porque no sabemos. Luego podemos perder con Francia en octavos y nadie se acordará del estilo y el buen juego que hasta ahora han demostrado, pero yo ya estoy contento porque por fin sabemos a qué jugamos y por lo menos lo habremos intentado. Y, de todos modos, alguna vez nos ha de tocar.
Bien, ya me he quedado a gusto, procuraré publicar el siguiente artículo sobre fútbol lo mas tarde posible (a no ser que lleguemos a la final) .Tened paciencia commigo.

19.6.06

PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD


Pues aquí estoy. Me he levantado con animo de hacer cosas y tal y, tras acostarme otro ratito hasta que se me pasaran tantas ganas de actividad, me he decidido a abrir este blog. Como bien sabreis algunos, he usurpado el nombre a uno de mis personajes favoritos, Hrundi V. Baksi, ese entrañable hindú, encantadoramente torpe, al que no le gusta que los hippies burgueses pinten a una cria de elefante con frases del estilo de "SOCRATES COME CICUTA". Para los que no conozcais a este personaje o diré (parafraseando a Mr.T en su Testimonio): Mal, muy mal, no fumeis canutos y avisadme cuando tengais un ratito y vemos ese ejercicio de comedia bien hecha, elegante y, a la vez, absolutamente descojonante que es EL GUATEQUE (The Party,1968, dirigida por Blake Edwards y protagonizada por Peter Sellers). Alejaos de las drogas son asunto sucio.
Una vez hecha esta puntualizacion sobre el titulo,voy a tratar de explicar el porqué de este blog. Primera y principal, envidia. Envidia de todos aquellos que tienen el caracter de arriesgarse a que los demás veamos, y en algunos casos nos atrevamos a juzgar, sus pensamientos, neuras y demas cosas que se les pasa por la cabeza. Y en segundo lugar, desahogarme un poquito, que últimamente mi vida ha sido un tanto turbulenta y necesito un lugar donde poder descargar toda la mala leche que se acumula.
Antes de acabar me gustaria hacer una petición. No se si seré capaz de ir publicando con regularidad (soy famoso por mi inconstancia) así que agradeceria a todos los que me conocen que, aunque no les interese lo que yo tenga que contar, me den el coñazo para que publique si me duermo en los laureles. Os lo agradeceria infinito.
En fin, por hoy no tengo mas que decir. aunque no me gustaria despedirme si agradecer a todo el que lea lo que aquí se publique el que dedique algo de su tiempo a este blog que arranca con tanta ilusion y tan pocas espectativas.
Un abrazo a todos. Jaime, digo H.V. Baksi
Pd.: " ¡Cuando diga en mi pueblo que me ha estrujado la mano Wioming Bill Kelso no se lo van a creer!" Hrundi V. Baksi, actor (no podia dejarlo pasar)